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  • Susana Garcia Guillén

¿Cuál es tu temperatura emocional?

Tener fiebre no es malo, pero no es lo mismo tener fiebre durante tres días que tener febrícula durante dos semanas. Tampoco es lo mismo si la temperatura es de 40 que de 38. Según los grados de temperatura y el número de días, puede tratarse de algo leve o grave, transitorio o crónico. Tanto en un caso como en otro, si hay fiebre es importante que nos prestemos atención.


Estar mal no está mal, pero es necesario vigilar cuánto tiempo nos dura ese malestar y su intensidad.


Antes de continuar leyendo, por favor ten en cuenta que esta es una información general y que lo único que pretende es servirte de ayuda a la hora de chequear cómo te sientes. No es un listado de síntomas puro y duro, es simplemente una lista de señales que pueden indicar que tu salud psicológica puede estar afectada.

Reconocer e identificar es el primer paso para mejorar.

A continuación se recogen una serie de frases relativas a estados o situaciones que te puede servir para tomarte la "temperatura emocional”.


Puede que te identifiques con una, ninguna, alguna o todas las situaciones.

Lee cada una de las frases, identifica si te ocurre o no, con qué frecuencia y con qué intensidad.


Sientes malestar y…

  • No tienes ganas de hacer nada y/o te cuesta realizar cualquier tarea.

  • Tienes dificultades para dormir y/o te despiertas continuamente.

  • Has perdido el apetito o comes sin control, consumiendo de todo menos cosas saludables.

  • Sufres dolores recurrentes (de cabeza, estómago, musculares...) o una bajada de defensas sin explicación médica.

  • Sientes presión en el pecho, tienes dificultades para respirar, mantener relaciones sexuales o has perdido el interés sexual, todo ello sin una causa orgánica que lo provoque.

  • Llevas el malestar contigo a todas partes y te llega a perjudicar en tus relaciones familiares, de pareja, trabajo, amigos, estudios…

  • Las cosas que antes disfrutabas, ahora como si nada.

  • Haces todo lo posible para no pensar, como por ejemplo: apostar con mucha frecuencia, jugar demasiado tiempo a videojuegos, ver muchas (pero muchas) series, beber más de la cuenta o consumir sustancias. Todo ello para lidiar con tus problemas y/o evadirte para dejar de pensar en ellos.

  • Tus pensamientos te agobian, limitan, son desagradables y/o recurrentes.

  • Tu estado de ánimo es como una montaña rusa que no puedes controlar.

  • Sientes tristeza y/o ansiedad la mayor parte del día incluso a veces sin saber porqué.

  • Recurres sólo a ansiolíticos o antidepresivos para sentirte bien.

  • Te autocriticas constantemente.

  • Te sientes solo o incomprendido.

  • Has intentado muchas cosas para recuperar tu bienestar, pero no has conseguido reestablecerte. Tienes ganas de abandonar o incluso aceptar quedarte así de mal.

  • Tus familiares y/o amigos te han dicho que están preocupados por ti y te han recomendado que pidas ayuda.

¿Te sientes identificado?


Si tu malestar psicológico es muy frecuente, intenso o se mantiene durante mucho tiempo, puede requerir ayuda de un psicólogo.

Sólo TÚ puedes saber cómo te sientes Y SOLO TÚ puedes ayudarte pidiendo ayuda.

Tú eres realmente el que sabe cómo está y el que decide cómo quiere estar. Si crees que necesitas ayuda, pídela siempre. Aquí sólo importas tú.





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